Quitar el poder al capital y darselo a los ciudadanos
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Joaquín Arriola / oct 08 Intento responder a la petición de Mundo Obrero de participar en este debate, con algunas reflexiones hilvanadas a vuelapluma. ¿Qué nos queda de la izquierda, que pueda servir de semilla de un nuevo accionar político? Muchos dirán que "los valores" - aunque la mayor parte de los valores con lo que se autodefine el "ser de izquierdas" son compartidos por otras ideologías, en particular religiosas -por eso la regresión hacia posiciones de "ateismo militante" como forma de autoexpresión de la "izquierda" me deja perplejo. Yo más bien creo que lo que queda es la experiencia y la práctica revolucionaria de los militantes de la izquierda de los dos siglos pasados: de Marx a Gramsci, Rosa Luxemburgo y Lenin, la acción política incluía como un componente esencial el estudio riguroso de las condiciones materiales en las que se tenía que desarrollar la práctica revolucionaria. En España, nuestros políticos profesionales (los de la "izquierda", en particular los sindicalistas) tienden, salvo excepciones, a sustituir el estudio riguroso de la realidad y de lo real (que como dice María Toledano, es lo mismo pero no es igual) por la lectura diletante de los periódicos. Sustituyen el análisis por la opinión. Esta situación es incompatible con la (re)construcción de una nueva práctica política. Primera conclusión: la formación continua debe situarse en el centro de la actividad política de nuevo tipo. En especial para los que tienen responsabilidades de dirección, representación y organización colectiva de algún tipo. Entender las nuevas condiciones materiales incluye comprender los cambios en la subjetividad de las personas; la clase trabajadora es hoy más compleja y diversa que hace 100 años, y la vida social anuda procesos objetivos derivados de las condiciones materiales de trabajo con la voluntad subjetiva de dominio y control. El predominio de lo subjetivo sobre lo objetivo es lo que se denomina "libertad", y uno de los errores más graves de la izquierda del siglo pasado (no de la del siglo XIX) fue dejar en manos del capital la "defensa" de la libertad. Segunda conclusión: la nueva acción política tiene que tener como objetivo principal aumentar el grado de libertad del que disfrutan los ciudadanos, y eso se consigue con la ampliación de los ámbitos de decisión a disposición de la gente. Quitar poder al capital y dárselo a los ciudadanos debe ser el núcleo central de un programa político adecuado a las condiciones actuales. La socialización de los medios de producción forma parte inexcusable del paquete. De la misma forma, diluir el poder y las jerarquías internas para reforzar el poder de los ciudadanos organizados tiene que ser la práctica organizativa de nuevo tipo. Eso implica, por ejemplo, hacer desaparecer las condiciones que facilitan las luchas intestinas por alcanzar "cuotas de poder" para fracciones o grupos, para concentrar los esfuerzos en garantizar la puesta en práctica de los acuerdos programáticos. Una medida que facilitaría en gran medida este objetivo es la designación a los candidatos a cargos de representación institucional mediante sorteo, asumiendo que todos los miembros de una organización política tienen el derecho y el deber de representar a la organización y de esforzarse por trasladar a la práctica las orientaciones programáticas acordadas, y que la organización dispone de las estructuras formativas para garantizar la formación continua de los representantes electos (vemos la importancia de la primera conclusión). De esta forma, participar de la vida de la organización aumentará la libertad de que disfrutan sus adherentes. Hacer balance de la experiencia de los siglos de la izquierda permite llegar a una tercera conclusión: los medios tienen que ser siempre expresión de los fines; demasiada sangre derramada hace verdadera la expresión de que el infierno está empedrado de buenas intenciones, y desvela la hipocresía de reconocerse "de izquierdas" y afirmar por ejemplo que no importa el color del gato, de lo que se trata es de que cace ratones, lo diga Deng Xiaoping o Felipe González. Abordar una ética de los medios se traduce en que las organizaciones políticas partidarias del desarrollo de la libertad deben establecer mecanismos para que las decisiones sobre cuestiones estratégicas se adopten por consenso, y solo en casos puntuales se recurra a la votación para decidir. Ello supone establecer un manual de procedimientos en el cual la eficacia se asigne al respeto del proceso, y la eficiencia subordine el criterio del tiempo a la garantía de los procedimientos. Y afirmar la coherencia entre medios y fines supone en el presente llevar a cabo un ajuste de cuentas con la aceptación (activa o pasiva) de prácticas infames por parte de organizaciones que aun cuentan con cierto predicamento en medios "alternativos". En fin, ¿qué tiene que ver todo esto con Izquierda Unida o con el Partido Comunista? Con la primera organización, no estoy seguro, pero con la segunda, me parece que uno de los inventos más notables de esta tradición política fue el centralismo democrático como expresión más avanzada de la democracia en acción, pero fue un invento fracasado en la práctica, por las limitaciones estructurales y coyunturales de las organizaciones llamadas a implementarlo. En consecuencia fue sustituido por diversas formas de centralismo burocrático, autoritario, en todas las instancias institucionales de decisión de los comunistas. El principio de jerarquía sustituyó al de red, más útil para articular mecanismos de decisión colectiva en la era de la revolución de la información. Realizar el ajuste de cuentas con estas experiencias y reinventarse como organización, para hacer viable el centralismo democrático, puede ser quizá la contribución más relevante del partido comunista en la nueva época que empieza. * Profesor de Economía, Universidad País Vasco
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iwio dijo
traduccion... la izquierda ha cometido muchos errores.. y ahora se dan cuenta de ello...
12 Octubre 2008 | 04:43 PM