Crecimiento económico: el precio de la competitividad
En este artículo José Francisco Bellod analiza cómo el aumento de la
riqueza del país, en términos PIB, no se reparte ni se traduce en la
mejora del nivel de vida de los ciudadanos, y advierte contra el
peligro de dejarnos impresionar ingenuamente con los datos
macroeconómicos.
El nivel de vida de los ciudadanos se mide por otros parámetros.
José Fco. Bellod / Economista

El Gobierno de Zapatero acaba de anunciar que acabaremos el año con un
crecimiento del PIB cercano al 4%; una cifra inusualmente alta para un
país europeo… pero quizá un tanto aventurada teniendo en cuenta el
evidente declive inmobiliario. Durante la última década la economía
española ha crecido por encima de la media europea: negarlo sería una
sandez, dejarse llevar por la euforia, como hacen los propagandistas
del neoliberalismo (tengan nómina en la Moncloa o fuera de ella)
también.
Lo cierto es que crecer no es malo, más bien al contrario: el
crecimiento económico es una oportunidad para mejorar las condiciones
de vida de los ciudadanos. Pero por desgracia esa es tan sólo una
posibilidad: crecer en lo económico no siempre implica crecer en
calidad de vida y, menos aún, que los beneficios del crecimiento
alcancen a todos. El crecimiento económico, por más que lo pretendan
desde socialdemócratas hasta conservadores (herederos comunes del
pensamiento económico burgués), no es el bálsamo de Fierabrás que
alivia las tensiones del capitalismo: la riqueza, una vez creada, debe
ser repartida, y el reparto depende exclusivamente del equilibrio de
poder entre capitalistas y trabajadores.
El exuberante crecimiento económico no ha podido evitar que buena parte
de la población siga sufriendo los efectos de una organización de la
sociedad excluyente y cainita. Porque el capitalismo, contrariamente a
lo que sostiene la economía burguesa, no es un sistema basado
exclusivamente en los incentivos (la posibilidad de mejorar mediante el
esfuerzo) sino que contiene una dosis indispensable de coacción y de
desprecio hacia nuestros semejantes. ¿De qué otro modo si no sería
posible que un ser humano explotase a otro? Para explotar al semejante
hay que despreciarlo, y estar dispuesto a usar el miedo al fracaso (a
perder el empleo, la vivienda, el status social…) como herramienta de
movilización de la mano de obra. Pero una sociedad que emplea la
coacción económica como energía para crecer no puede ser una sociedad
sana, ni una sociedad feliz.
Algunos datos son elocuentes
En primer lugar, la bonanza económica no consigue hacer mella en los
indicadores de exclusión socio - económica: el último Estudio de
Condiciones de Vida (INE, 2005) señala que el 26% de los hogares llega
al final de mes "con dificultades" o "con muchas dificultades". La
Encuesta Continua de Presupuestos Familiares (INE) refrenda
trimestralmente ese angustioso dato. Esa misma Encuesta revela que el
19´9% de los habitantes vive en condiciones de pobreza. Y eso después
de haber tenido en cuenta todas las posibles ayudas económicas
percibidas por las familias (INEM, Servicios Sociales de Comunidades
Autónomas y Ayuntamientos, etc.): sin esas ayudas el dato sería muy
superior. Además hay un dato descorazonador. La pobreza no cede a pesar
del crecimiento. El 41% de las personas en situación de pobreza en el
año 2005 no lo estaban en 2004: el crecimiento económico de esos años
no les sirvió de cinturón de seguridad contra la exclusión.
En segundo lugar, quizá seamos más ricos (sobre todo algunos), pero no
somos más sanos. Según los últimos datos de la Encuesta Nacional de
Salud (Ministerio de Sanidad, 2006), el 15% de los ciudadanos de más de
16 años padece ansiedad o depresión. El consumo de ansiolíticos
(Valium, Lexatin, etc. ) por habitante ha aumentado un 56% entre los
años 1995 y 2002: si el PIB lo hace a un 3% de media, la medicación
necesaria para soportar el estrés que genera "tanta prosperidad"
duplica esa media(1)(7%). En ese mismo periodo, una media de 2.500
personas/año se han suicidado.
El consumo de drogas, en su más amplio sentido, se ha disparado en este
periodo. Sólo entre los estudiantes de Educación Secundaria el consumo
de cocaína ha pasado del 2´5% de los estudiantes (año 1994) al 9% (año
2004) y el 81% reconoce consumir alcohol con frecuencia(2). Otras
falsas vías de escape (falsas… pero lucrativas para el sistema) están
en pleno apogeo: el gasto en juegos de azar crece desde 1997 a un ritmo
medio anual(3) del 8´1%. Bingos, Casinos, Loterías…toda una
infraestructura pensada para arrancar la magra plusvalía que a los
empresarios se les haya podido pasar por alto al pagar los salarios.
En tercer lugar, el crecimiento económico no ha evitado que la nuestra
sea una sociedad cada vez más violenta. Y como siempre la mujer suele
llevar la peor parte. Sólo los delitos de abuso, acoso y agresión
sexual han crecido un 20% desde 1997. Las víctimas de prostitución han
pasado de 17.535 personas en el año 2001 a 20.284 en 2005(4) un 3%
anual, sin duda una macabra coincidencia con el PIB. Y probablemente
esos datos tan solo sean la punta de un repugnante iceberg.
La exclusión también avanza a velocidad de crucero. Uno de los modos
más extremos (y silenciosos) de exclusión, la reclusión carcelaria, ha
experimentado un incremento espectacular. La población reclusa ha
crecido en estos años a un ritmo intolerable. Si en 1996, primer año
del aznarato, había en nuestro país 41.903 personas encarceladas; en el
año 2005 se alcanzaba la cifra record de 61.054 personas: un
crecimiento del 3´4% anual. La población carcelaria crece a un ritmo
perfectamente comparable al de la economía.
Podríamos seguir desgranando estadísticas que nos hablen del
sufrimiento que lleva aparejado tanto esfuerzo humano dedicado a lograr
un deslumbrante aumento del PIB del 4%: tráfico de seres humanos,
violencia de género, personas sin hogar, accidentes laborales, delitos
contra la libertad política y sindical... Pero creo sinceramente que
las líneas anteriores son un botón de muestra más que suficiente para
que, a partir de ahora, no nos dejemos impresionar tan ingenuamente con
los datos macroeconómicos.
1. Revista Española de Salud Pública, vol 78, Nº 3.
2. Encuesta Estatal sobre Drogas en Enseñazas Secundarias.
3. Memoria del Juego en España. Ministerio del interior.
4. Informe Criminológico Anual sobre los Delitos contra la Libertad Sexual. Guardia Civil. Ministerio del Interior.
MÁS INFORMACIÓN Y ANÁLISIS SOBRE LA CRISIS ECONÓMICA EN:
http://www.nodo50.org/pce/mundoobrero/mopl.php?id=653


Hipatia de Alejandría dijo
Me gustó lo de los leones. Yo conozco otra que es de Lito Nebbia
Si la historia la escriben los que ganan,
eso quiere decir que hay otra historia:
la verdadera historia.
Quien quiera oir, que oiga.
Un cordial saludo
:))
12 Noviembre 2007 | 03:39 AM