Willy Meyer / 07 nov 06
“Tenemos que adentrarnos un poco en el lado oscuro, por decirlo así (..) tendremos que hacerlo en silencio, sin discusión, usando fuentes y métodos al alcance de nuestros organismos de inteligencia, si queremos tener éxito. Éste es el mundo en el que esa gente actúa, así que va a ser vital emplear cualquier medio a nuestra disposición para conseguir los objetivos.”(Dick Cheney, Vicepresidente de los EEUU 16 septiembre 2001).
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Los días 17,18 y 19 de Octubre la Comisión de Investigación del Parlamento Europeo sobre los vuelos de la C.I.A. se trasladó a Rumanía, concretamente a Bucarest, para investigar el posible uso del territorio rumano por parte de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos tanto para las operaciones de vuelos con detenidos como para el emplazamiento de centros de detención ilegal.
Pocos días antes, el Presidente George Bush acababa de reconocer públicamente la existencia de estas cárceles secretas, y determinados investigadores independientes señalaron a Polonia y Rumania como posibles países receptores de estos centros ilegales.
Previo a esta visita a Rumanía, la Comisión ya ha había emitido un informe preliminar coordinado por el Diputado Fava y aprobado con importantes aportaciones del Grupo de la Izquierda Unitaria Europea bajo la eficaz coordinación del compañero y diputado Giusto Catania. Este informe concluye –del mismo modo que lo hace el informe emitido por el Consejo de Europa bajo responsabilidad del senador y ex fiscal suizo Dick Marty- con la afirmación de que es “inverosímil que ciertos Gobiernos europeos no tuvieran conocimiento de lo que sucedía dentro de sus fronteras”.
Efectivamente, a pesar de la envergadura de las operaciones de los servicios de inteligencia norteamericanos después del 11-S, a pesar del conocimiento de la puesta en marcha de la “preventive war” (guerra preventiva) acompañada de “extraordinary renditions” (entregas extraordinarias de prisioneros) -eufemismo que oculta la verdadera realidad de secuestros y encarcelamientos ilegales-, ningún gobierno ni ningún servicio de inteligencia alertó jamás sobre esas acciones ilegales. Pero los datos de los registros obtenidos por Eurocontrol, en cambio, confirman que desde el 11-S se registraron más de 1.000 vuelos procedentes de Asia, Oriente Próximo y África.
Por tanto, ¿realmente los gobiernos no tuvieron conocimiento de ello? ¿Ignoraban los servicios de inteligencia estos movimientos en sus territorios? No, eso no parece creíble. Todo parece apuntar a que algunos gobiernos colaboraron estrechamente en esa operación especial o, cuanto menos, que prefirieron “mirar hacia otro lado”. Tuvieron que ser algunas ONGs y periodistas independientes los que destaparan ante la opinión pública mundial este verdadero escándalo de secuestros, torturas y cárceles secretas para evidencia y vergüenza de los servicios de inteligencia de los países europeos.
En este contexto, la delegación de la Comisión de Investigación del Parlamento Europeo realizamos la visita a Bucarest, donde nos entrevistamos con legisladores y miembros del gobierno para intentar arrojar algo más de luz a este caso.
En el Senado de Rumania mantuvimos un encuentro con la Sra. Maria Ionescu, presidenta de la Comisión de Investigación de la cámara alta. A ella le manifestamos nuestro interés en conocer los nombres de la tripulación y pasajeros del avión Gulfstream N478GS, que el 6 de Diciembre de 2004 realizó un aterrizaje forzoso en el aeropuerto de Baneasa –interés justificado debido a que esa aeronave está identificada como avión de la C.I.A. La Sra. Ionescu declinó facilitarnos esa información alegando la confidencialidad de los datos de acuerdo con la legislación rumana.
Al día siguiente, y en la entrevista con el Secretario de Estado de Orden Público y Seguridad, Sr. Anghel Andreescu, volvimos a solicitarle la misma información y ante nuestra grata sorpresa procedió a entregarnos copia del informe enviado a la Comisión del Senado con número S3/E.G.5650. En él se confirma que en esa fecha, efectivamente, el avión Gulfsream N478GS procedente de Bagram (Afganistán) con destino a Shannon (Irlanda) realizó un aterrizaje accidentado en el aeropuerto de Baneasa-Bucarest. A su vez, se detalla la lista de los tres miembros de la tripulación más siete pasajeros, identificados todos con pasaporte oficial norteamericano, uno de los cuales portaba una pistola Beretta de 9mm y 58 balas.
Cuando preguntamos a los responsables de los Servicios de Inteligencia de Rumanía, Srs. George Mayor y Radu Timofte, qué acciones emprendieron ante la aparición de un pasajero armado, se creó un gran desconcierto entre las autoridades rumanas asistentes al encuentro. “Preguntamos a la embajada de los EEUU si eran agentes secretos de la C.I.A. y nos dijeron que no” –recibimos como respuesta. Si esto fuese cierto, a continuación las autoridades rumanas debieran haber procedido a detener al pasajero para abrir una investigación judicial. Pero eso no fue lo que sucedió. Los ocupantes del avión no encontraron el más mínimo obstáculo para proseguir su viaje. ¿Se imaginan que ocurriría en cualquier aeropuerto de nuestro entorno si a un pasajero se le incautase una pistola?
El factor Beretta irrumpía en la investigación con fuerza, desmontando la argumentación de que el gobierno de Rumania, desconocía de la existencia de los vuelos de la C.I.A. Este caso evidencia la estrecha colaboración de los servicios de inteligencia norteamericanos con “los aliados” rumanos.
En relación al posible uso como centro de detención ilegal del aeropuerto de M. Kogalniceanu - utilizado durante la guerra de Iraq por las Fuerzas Armadas de los EEUU- no pudimos encontrar tantas evidencias documentales. No obstante, podrían existir indicios que apuntasen en ese sentido, ya que el propio ex ministro de Defensa Sr. Pascu afirmó en su día que ese aeropuerto escapó al control de las autoridades rumanas. La investigación, por tanto, debe proseguir, debido a que nadie puede afirmar con certeza qué tipo de actividades se desarrollaron durante ese periodo.
A la luz de estos datos, ha quedado demostrada la necesidad de continuar con las tareas de investigación, tanto en el caso de Rumanía como en el del resto de bases norteamericanas desplegadas en la Unión Europea, para desenmascarar los usos que de ellas hacen sus servicios de inteligencia en operaciones al margen de la ley y del derecho internacional.
Willy Meyer
Diputado al Parlamento Europeo por el Partido de la Iquierda Europea (IU,PCE del Estado Español

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